Quémalos
El refrán dice: «No combatas fuego con fuego», ya que alguien tiene que ser la voz
pacificadora, la persona madura que evite que todos se quemen.
Pero, seamos honestos, ¿qué madre o padre, hermano o hermana, tío, tía o primos,
no sentiría una rabia ardiente si lastiman a uno de los suyos?
no sentiría una rabia ardiente si lastiman a uno de los suyos?
Hoy, mucha gente quiere “quemar” a la Ministra de Educación (MINEDUC), Alegría
Crespo, por negarse a implementar medidas basadas en ideologías de género. Otros
van tras la Corte Constitucional por fallar a favor de la modificación de protocolos
para garantizar un enfoque de diversidad sexo-genérica.
¿Es un conflicto de creencias? Sin importar cuál sea la discusión del momento, el
objetivo debe ser el mismo: mejorar la calidad del ambiente en el que estudian
nuestros niños.
La “quema social”, como la llamaré de aquí en adelante, busca desmoralizar, demoler
y reconstruir a las instituciones que se niegan a brindar la protección prometida. Más
allá de un nombre que hace sentir a mi pequeño cómodo, busco un lugar en el que
sepa que, sin importar cómo piense o actúe, no será vulnerado de ningún modo.
Incluso si no es “diferente”, si la razón por la que lo señalan está más allá de su
control —una condición física, un trastorno o una enfermedad— ¿el sistema lo
mantendrá a salvo?
Pueden ofrecer garantías, pero de enero del 2020 a enero del 2024 el MINEDUC
registró 12.141 casos de violencia sexual contra estudiantes, el 25% dentro de los
planteles. La organización Human Rights Watch ya nos ha dedicado al menos dos
artículos para decir que, en Ecuador, el progreso es lento para combatir y prevenir
este problema.
Ni hablar del Bullying: golpes, apodos con connotaciones sexuales, persecución en
redes y, para hacer una alucinante mención, niños que crean imágenes en IA de sus
compañeras para que parezcan desnudas.
El asunto no se queda ahí.
La madre de Rick Mora, joven de 16 años que se suicidó este 1 de febrero de 2025, ha
hecho público el acoso a su hijo por parte de dos docentes, una de las cuales nunca se
disculpó y continuó hostigando al niño, llegando supuestamente a amenazar a otros
alumnos para que no digan nada en su contra ante la denuncia en el ministerio y la
investigación de Fiscalía.
Si queremos hablar de discriminación, hablemos de MARC, de 17 años y con autismo,
que intentó suicidarse dos veces en 2024 por el acoso de sus compañeros y el
aislamiento de parte de una profesora. Sus padres dicen que nunca se hizo la
adaptación curricular necesaria y otros 10 colegios se negaron a recibirlo tan pronto
sabían que era autista.
La inacción también es parte del problema.
La rectora del colegio donde estudiaba Kevin Bustamante, de 17 años que se suicidó
en Cuenca en 2023, no hizo nada sobre las quejas del comportamiento repulsivo de
sus docentes por parte de padres de familia y estudiantes. Algo similar ocurrió con las
autoridades de una institución en Quito donde estudiaba Johana Balladares, de 16
años, quien cansada de los golpes e insultos constantes de sus compañeros se suicidó
ese mismo año.
Esto es lo que merece nuestro enojo, lo que necesitamos exponer, quemar y reformar:
el acoso y el maltrato a cualquier niño y la indiferencia y desatención en lugar de
apoyo y justicia.
Si no pueden lidiar con esta realidad con sus rutas y protocolos, ¿que harán ante
nuevas ideologías?
Hace apenas cinco meses, en septiembre de 2024, el Instituto Ecuatoriano de
Estadística y Censos (INEC) ubicó el suicidio como la primera causa de muerte para
el grupo de 10 a 14 años, y una investigación conjunta del MINEDUC, Visión Mundial
y UNICEF dice que uno de cada cinco estudiantes ha sido víctima de bullying.
Entonces, saben lo que tienen que hacer. Saben que hay que buscar planes y
herramientas más efectivas para combatir este monstruo de situación, ¿pero quién
tendrá que recordárselos?
Ahí es donde entran las marchas, las denuncias, las cadenas y las campañas en redes.
Ahí necesitamos la quema social.
Es lento. Es doloroso. Pero el hielo también quema y deja moretones para recordar lo
que pasó.
Si alguien toca a un niño, a tu niño, quémalos.
- N. Betancourt
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